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Identidad sexual y género en infancia y adolescencia

Identidad sexual y género en infancia y adolescencia

Por Ps. Bárbara Medina

Uno de los temas más complejos de abordar a nivel familiar y cultural es la identidad sexual de las niñas, niños y adolescentes, principalmente porque son los adultos quienes han tenido la facultad de decidir sobre lo que es permitido y lo que no en menores de edad. Además, se suman opiniones diversas si tomamos en cuenta las diferentes posiciones que cada generación adulta mantiene frente al tema, teniendo en consideración que el reconocimiento de la identidad no solo mantiene una dimensión individual, sino que además posee una visión pública. 

Si bien la identidad sexual y el género ha dependido de lo que los adultos desean dar a conocer u ocultar, actualmente es complejo negar la posibilidad de que los adolescentes puedan tener posición y decidir sobre si, ya que entre pares se es motivo de autoconocimiento y opinión, teniendo en consideración el acceso a redes sociales e internet como principal herramienta de búsqueda de conocimientos. En este sentido, lo privado y lo público es indivisible, ya que la identidad sexual se conforma desde ambas perspectivas.

Si los adolescentes tienen el espacio de descubrir su propia identidad sexual y cuestionar cómo se relacionan con el género, ¿Que ocurre en la infancia?. Ahí está lo interesante, ya que como adultos tenemos la responsabilidad de cuestionar si nuestra posición es la que debe ser transmitida o no en el estilo de crianza que cada familia desee abordar. En este sentido, para las madres y los padres está en juego el deseo que ese hijo o hija viene a cumplir, es decir, a las fantasías que ambos progenitores se plantean, como por ejemplo, cómo va a ser conformar una familia con un niño o una niña al cual se le asigna un nombre y una identidad desde antes de nacer.  Aquí vemos como la esfera privada del núcleo familiar se mezcla con la pública, la cual es social, ya que la identidad sexual implica una autonomía respecto a cómo se quiere ser reconocido por los otros, lo cual puede ser un proceso difícil de abordar cuando hay cambios físicos y de nombre, ya que se suele atravesar un duelo a nivel familiar por la pérdida de la idea que se mantiene anclada al ser de cada niño, niña o adolescente. Se aconseja que estos procesos tengan acompañamiento psicológico por que hay dos tipos de padecer distintos pero no independientes, ya que quien decide una identidad sexual y un género que difieren al asignado al nacer, sufre por la falta de reconocimiento de sus pares al tener que vivir con una identidad marcada por un ideal de ser. En cambio, a nivel familiar se sufre porque dichos cambios se viven como una pérdida o un proyecto de vida distinto al que se soñaba, como por ejemplo, la posibilidad de ser abuelos o abuelas en ciertos casos. 

Ahora, si nos preguntamos cuál es la forma correcta de relacionarnos con los niños, niñas y adolescentes, es complejo llegar a una única respuesta ya que cada quien tiene su propia subjetividad e historia de vida. Puede ser evidente pero a veces se pasa por alto al momento de buscar respuestas apresuradas. Sin embargo, el camino largo es el más enriquecedor, el cual es un llamado a los adultos y adultas a informarse, a dar lugar para que exista confianza, seguridad y espacios para aprender de generaciones más nuevas, a relacionarnos como personas, ya que socialmente hay un precepto de cómo ser padres, madres, hijos e hijas, pero detrás de cada rol familiar, hay un sujeto que tiene una historia y una verdad que contar, si se le da espacio a que emerja, todo puede ser más genuino.

Ps. Bárbara Medina

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